La música como cultura.
Cuando un músico compone y escribe una obra lo hace con el fin de expresar sentimientos y poder comunicarlos al mayor número de personas posible. Si esto sucede y, además, lo que hacemos gusta, nos llena de satisfacción y podemos llegar a ser famosos e incluso a vivir económicamente de lo que hacemos.
Las discográficas ejercen de intermediarias para que ello ocurra, pero el problema está en el encarecimiento del producto final, y nos vemos en la encrucijada de que lo que en un principio era para todo el mundo, se convierte en suerte de unos pocos que pueden permitirse el lujo de comprarse uno o varios discos al mes, y por lo tanto muchas personas se quedaran sin escuchar nuestra obra.
Gracias a Internet este problema pasa a segundo plano y nos encontramos con personas que pueden disponer de una cantidad de música inimaginable hace unos años. El beneficiado es el consumidor, el perjudicado, autor y discográficas. Antes cuando se vendía un disco, automáticamente se contabilizaba y el autor sabía cuando se compraba su música y eso se traducía en dinero. Ahora con las copias y con las bajadas de la red ya es mas difícil saber cuando alguien adquiere tu música, cuando no imposible. Yo puedo estar copiando toda la obra, por ejemplo de un grupo de los años 70, y se los puedo grabar a todos mis amigos, y ese grupo nunca va a tener constancia de ello.
Entonces, que es una obra sin el reconocimiento de su autor... nada.
La música es cultura, y la cultura debería de estar al alcance de todos.
Si se consiguieran unos precios mas asequibles, a nadie se le ocurriría bajarse música de Internet y no habría tantas copias, legales e ilegales, no valdría la pena, con lo cual todo el mundo accedería a la música y el autor tendría su reconocimiento.
